Crónica de una época: el concurso de acreedores de la Real Sociedad

Aunque en el blog suelo tratar cuestiones relacionadas con el Derecho mercantil  (sociedades, competencia, contratación…) voy a iniciar la andadura en lo que al Derecho deportivo se refiere puesto que son ramas con mucha conexión. Y lo vamos a hacer abordando algunas cuestiones que han planteado la situación concursal de algunos clubes deportivos en lo que va a ser el inicio de una pequeña serie de artículos sobre el tema.

El año pasado (2015) se cerraron judicialmente algunos concursos como el del Alavés  con las sentencias del Tribunal Supremo correspondientes en el que caso de que la pieza de calificación hubiese llegado hasta ahí. En otros casos, existen incidentes concursales que también han llegado hasta el Supremo (Real Betis). Evidentemente comenzaron hace bastantes años, aunque teniendo en cuenta que pasar por las tres instancias (1º Instancia, Audiencia Provincial y Tribunal Supremo) puede conllevar 10-12 años, pueden darse por satisfechas.

Pero vamos a tener en cuenta sobre todo el concurso producido por la Real Sociedad, que al llegar a la última sección del concurso (donde se realiza la calificación de fortuito o culpable) fue declarado culpable y el administrador condenado a pagar una sustanciosa indemnización.

No hemos titulado la entrada “crónica de una época” de forma artificial. En realidad, muchos de estos concursos son el producto de varios factores que se han dado en la gestión del fútbol durante muchos años:

  1. La gestión de los administradores realmente desleal para con el club. Hecho que se plasma en innumerables clubes, además de los citados podríamos mencionar casos como el del Real Zaragoza, Valencia, Málaga y otros. No acabaríamos.
  2. Conductas recurrentes (que se dan en el caso del concurso de acreedores de la Real Sociedad): falsedad contable, desproporción entre ingresos y gastos, facturas infladas artificialmente para que el administrador se enriquezca a través de una sociedad instrumental, falta de control, incumplimiento de las normas más elementales en cuanto a formulación de cuentas anuales.
  3. El principal defecto de la estructura de la Liga de Futbol Profesional ayudaba a agravar la situación puesto que muchos de estos concursos o situaciones patrimoniales insostenibles se producían tras un descenso de 1º División a 2º, que conllevaba una pérdida de ingresos en una proporción de 5 a 1. Con un ejemplo se ve mejor: si un club en Primera ingresa 30, en Segunda 6, por la reducción del importe de los derechos televisivos.

Todo ello aderezado con la correspondiente omisión de los órganos disciplnarios.

Si bien como decimos los últimos años ha habido una gran mejora del gobierno corporativo de los clubes todavía queda camino por recorrer, y no hay que olvidar que es este tipo de sociedades anónimas (clubes de fútbol de gran envergadura) van a seguir siendo fuente de este tipo de actividades, aunque haya un control interno porque realmente se mueven grandes cantidades de dinero en la intermediación de jugadores difíciles de control (véase caso Neymar). Por eso, medidas como la de la Bundesliga alemana que introducen a los aficionados (a través de las peñas, u otros órganos sindicados a tal efecto) en el accionariado a través de diversas medidas deben ser tenidas en cuenta. No es de extrañar que se introduzcan en España más adelante.

Pero lo que nos interesa, y lo que se extrae de la Sentencia del Ts en el caso Real Sociedad es: ¿Se pueden aplicar a los concursos de los clubes de fútbol los mismos criterios que a las demás empresas?

Volviendo al tema del concurso de la Real Sociedad, plantea un debate interesante. Se califica como culpable el concurso y sin aplicar las presunciones del art.164.2 (iuris et de iure) o del art.165 (iuris tantum), sino el art.164.1 es decir, que basta que se acredita el dolo o culpa grave de los administradores (siempre y cuando lo hayan sido dentro de los dos años anteriores). Se produce en el caso, porque se entiende que, aunque la situación patrimonial ya era delicada con anterioridad, es decir, las últimas temporadas en Primera División son las que originan el descenso, una vez en Segunda se agrava la situación “a sabiendas” de que eso sólo lo iba a empeorar. Se argumenta que desde el punto de vista deportivo era una decisión racional para volver a Primera y salir de la situación delicada.

Es cierto que el caso de la Real Sociedad podía ser claro sobre todo por el hecho de que el administrador tenía otra sociedad instrumental que facturaba a la Real Sociedad servicios no realizados. Pero hay una situación problemática y a mi juicio que no define el Tribunal Supremo con claridad. En muchos de estos casos el concurso se produce al bajar a Segunda División, puesto que si no se produce un ascenso rápido de nuevo en 1 o 2 años es imposible volver a cuadrar la estructura presupuestaria.

Lo lógico como dice el Tribunal es que en el momento que se produce el descenso se acometa una reducción drástica del presupuesto y salvar la situación. Esta podría ser la actuación más conservadora. Pero puede suponer desconocer por completo el intríngulis de la competición. Me explico, ¿Puede ser más conveniente intentar contar con el atractivo que tiene un club que acaba de bajar, que presumiblemente tendrá un caché histórico, para mantener la base de la plantilla anterior e intentar un asalto rápido a la Primera? Esto se hizo en algunos casos con éxito, salvando la situación. Presenta el riesgo de que si no se consigue el ascenso en ese año o al siguiente el club se vea abocado al concurso sin remedio. Pero en muchos casos no queda otra, es la oportunidad de disparar la última bala y dada la estructura de la competición puede tener sentido. Es evidente que para algunos administradores está no es una conducta descabellada. Es una cuestión que podría admitir dudas.

La cuestión que atañe aquí es si las normas sobre diligencia, administración leal, buena fe, que rigen en el derecho de sociedades se pueden aplicar sin más a una actividad mercantil tan discrecional y que puede ser tan aleatoria como la derivada de las competiciones de fútbol.

Dice el Tribunal: el estándar de comportamiento exigible al administrador de una sociedad ha de concretarse en función de la actividad de la misma y de las circunstancias en que se encuentre”. 

Este párrafo es interesantísimo (y ha sido repetido en muchas otras sentencias que tratan el mismo supuesto), y así se cita en otras sentencias relativas a concursos de clubes de fútbol, que iré plasmando. Pero lo que viene a decir es que la administración de una sociedad deportiva evidentemente es una gestión de medios; no de resultado; el ejercicio de ésta comporta riesgos evidentes. Aunque lo que no puede amparar de ningún modo son actuaciones contrarias a los elementales deberes de diligencia, y lealtad para con la sociedad.

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